viernes 19 de junio de 2009

Tengamos hijos con Ritalin [opinión ácida (como casi todas)]


Homero Simpson, en una ocasión en la quiso convencer a Apu de que tenga hijos, argumentó que ahora los niños prácticamente se crían solos con esa vaina de la Internet. Sabia sentencia –como casi todas las que profiere este amarillo– que retrata de cuerpo entero lo que sucede en estos tiempos virtuales. Pero olvidó mencionar el buen Homero, que ahora existe otra maravilla aparte de la Internet: el Ritalin.
Esa prodigiosa pastillita cuenta ya con siete décadas de existencia, pero, como no podía ser de otra forma, recién en estos tiempos ha alcanzado popularidad. ¿Por qué? Pues los laboratorios se dieron cuenta que esa pastillita podría servirles de mucho a los niños de hoy, es decir, esos mocosos inquietísimos, dueños de una energía desbordante (en el sentido que desbordan la paciencia de los adultos). Servirles para que, mañana más tarde (me encanta esa frase), sean gente bien (entiéndase gente bien como monigotes que trabajan sin cesar en el presente para comprar un futuro que nunca llegará). ¿Y cómo los ayuda? Los vuelve zombies, los idiotiza, los pone en “mute” como si fuesen un televisor. Así, el síndrome de hiperactividad y demás componentes que tanto rédito les dan a los psicólogos, ya no son más una molestia para la señorita del nido, la miss del colegio y, por supuesto, para los sacrificados padres.
Hace ya unas semanas, Rafo León escribió sobre este tema en Somos. Se desató una polémica leve, que ya parece estar pasando (quizás les dieron Ritalin a quienes opinaron). El buen Rafo puso en evidencia la “normalidad” con la que padres y profesores (solo profesores, no maestros, de esos ya casi no hay) les dan a sus vástagos la milagrosa droga (legal eso sí; hay que aclarar, no vaya a ser que un alcalde idiota –no diré cual pero el nombre del distrito que lo sufre es como un diminutivo de Surco–proponga distribuirla gratis).

Si el niño es hiperactivo, dale su Ritalin, hermanito, con eso se vuelve un angelito. Nada de problemas psicológicos generados por conflictos en casa, nada, olvídate, esas son cojudeces que ya saldrán como problemas psiquiátricos más adelante. Y ya entonces el chibolo será un adulto con sus locuras, su vida hecha una mierda... pero ya no es tu responsabilidad, compadre, tú ya hiciste lo que bien pudiste. Al final, si se loquea mucho, le darán otras pepas y listo. Ta’que tanta vaina. Así pensamos hoy, en estos tiempos tan avanzados.

Seguramente a principios de los 70, muchos pensaron que la temática de la genial película “La naranja mecánica” era muy buena pero lejana a la realidad. Pues, miren como es la vida, no lo es. Y es mejor: ya no se hacen proyectos Ludovico, simplemente se receta Ritalin y sanseacabó. Ahh... la post-modernidad. Así yo también quiero tener hijos… no, no... ya me emocioné demasiado, voy por mi Ritalin, ustedes comprenderán y entenderán. Permiso.